ESTA HISTORIA ESTÁ BASADA EN HECHOS REALES

¡Lulú! Oui c’est moi. 10º Capítulo




La aceptación. Lentamente abrí los ojos y por un instante perdí la noción de dónde estaba. Por unos segundos pensé que todo había sido una fantasía y estaba todavía en la aldea. Pero la visión del cuarto a medida que lo recorría con la vista y la sensación de que los músculos de mis piernas y la cintura habían trabajado extraordinariamente en una follada bestial, me devolvió la hermosa sensación que descubría la verdadera realidad vivida la noche anterior hasta caer agotada y dormir profundamente tras la segunda vez y mi tercer orgasmo.

Las sábanas revueltas que solo tapaban apenas mi cintura y nada más, la camiseta, mi ropa interior en el suelo y el muñeco que miraba hacia el piso desordenadamente sentado en la silla del dormitorio, era el sensual fiel testimonio de lo que habíamos hecho durante casi toda la noche. Pero él ya no estaba en mi cama. Probablemente estaría en el gimnasio.

No tenía ganas de levantarme todavía. Decidí hacer un repaso de lo sucedido anoche. Me dispuse revivirlo con las imágenes que habían quedado grabadas en mi mente y que de solo pensarlo causaban cosquilleo entre mis piernas otra vez. Y por esa misma sensación de cosquilleo, sorprendiéndome se me hizo presente algo que antes no me había percatado. ¡Situaciones anteriores con él tenían mucho en común con el estado pasional que vivimos la noche anterior! ¡Estas demostraciones de su parte, las habían tenido en varias ocasiones desde muy pequeña, y por la inocencia de la edad en ese momento no me daba cuenta!

Ese morbo ancestral era ese alboroto que hacía sentir en mi cuerpo y me hacía responder con impulsivas acciones. Sobre todo cuando jugaba conmigo revolcándonos en la cama o en cualquier otro lugar. Esas sensaciones que sentía en sus abrazos o cuando yo le trepaba encima. Sin darme cuenta, por retorcerme en la cama con estos pensamientos, estaba destapada y mi desnudez estaba totalmente expuesta tal como me había dejado el tío Sergio al retirarse, segregando ese flujo característico que me aparecía en cantidades inhumanas últimamente, al internarme en pensamientos sexuales.

Escuché pasos por la escalera y sonreí retorciéndome con un poco de coquetería ante la expectativa de verlo aparecer otra vez allí. Pero quien apareció en la puerta abierta de mi cuarto era mi madre.

– ¡Hola hijita…! – y recorriendo la vista por toda la habitación continuó. – ¡Vaya! Tal parece que aquí ha habido una batalla campal… ¡Espero que no haya habido bajas…!

– Hola mami – dije poniéndome nerviosa y buscando taparme las piernas solo llegué a cubrirme hasta la cintura.

– Si te has dormido así no dudo que tu tío también te haya visto así. ¡Estás muy hermosa!

Por ponerme nerviosa no se me ocurrió otra cosa que reírme tímidamente. Las costumbres en mi casa siempre fueron de una familia sin prejuicios tontos. Mis padres nunca limitaron mi forma de vida. Yo andaba por la casa en bragas e incluso desnuda desde muy niña, sin nada más que mi inocencia. Cuando nos bañábamos, después entraba a la casa desnuda y me vestía delante de mi padre, mi madre o mis tíos. Y ellos hacían lo mismo. O sea que, por costumbre no me asustaba la desnudez ni me hacía sentir comprometida. Los había visto follando, aunque fuese Julián quien me explicase de qué se trataba por la misma inocencia que me interesaba el sexo masculino, solo centrado en hombres mayores… ahora creo que es debido a que me afectaba la gran verga de mi padre, dado que las de mis hermanitos no tenía más interés que la de su uso de micionar, sin embargo papá la usaba para dar placer también.

– Sé que tú no tienes vergüenza de ello porque en casa no nos preocupa ese tema… tu padre te ha visto desnuda muchas veces e incluso te ha aseado en la palanca, te ha tocado tu coñito y tu culito y alguna vez que se le puso dura lo pagaba follándome. De eso me beneficiaba bastantes veces, pero nunca tuvo intención de desflorarte. No obstante otros hombres aunque sean familia son hombres y se calientan igual que papá al ver una mujer desnuda tan apetecible como tú, porque ya estas a la altura de cualquier mujer merecedora. Ya no eres una niñita y debes asegurarte de lo que te da deseos de hacer. Entonces no tendrán contemplaciones de hacerte suya, de perforar tu vaginita y llenarte con su esperma, el mismo que tu padre me echa en mi coño cuando se corre y, con el que me ha preñado tres veces.

– Sí mamá, lo entiendo… Pero el tío Sergio me que parece tiene las mismas costumbres que nosotros y es de nuestra familia. No creo que importe que me vea desnuda y yo le vea a él.

– Me lo imagino y supongo que debe ser así, pero cariño… ¿Tú ya sabes lo que es tener sexo?

– Sí mamá.

– ¿Y lo has tenido con alguien?

No esperaba una pregunta como esa. No me animaba a decir eso, pero era el momento de poder hablarlo con ella. Si no, ¿Con quién mejor que ella? Se dio cuenta que no me animaba.

– No tengas vergüenza de hablarlo conmigo hija. Yo a tu edad también tuve algo y sé lo mal que se pasa cuando no puedes charlar con alguien de ello. ¡Vamos, anímate!

– Bueno… sssih… mami.

Entonces decidió meterse en la cama conmigo a charlar, pero cuando avanzaba hacia cama me di cuenta de las manchas de esperma que se veían claramente y tiré una sábana para taparla. Estaba casi segura que ella lo había visto. Pero contrario a lo que pensé que podía reaccionar, me sonrió y se acostó al lado mío. Yo me puse a mirar el techo y sentía que ella me miraba de lado en la almohada, como esperando que me decidiera a mirarla a los ojos para seguir conversando. Me aguanté lo más que pude en esa posición hasta que finalmente la miré. Lo que pasó fue insólito. Nos empezamos a reír a carcajadas.

– No llegaste a tiempo… – me dijo riéndose. – Además hueles a hombre en tu piel…

Me quedé un poco avergonzada… – No mami. ¡Perdóname!

Ja, ja, jaaa, no fuiste tan rápida. Ja, ja, jaja… Ya, ya mi amor, ya. Perdóname que no me aguante seria como debería de ser, pero me hiciste tentar y no puedo parar… – sin poder controlar la risa siguió de tal forma que me hizo continuar riendo también. Acariciándome el pelo sin dejar de reírse agregó… – No te preocupes mi cielo, conmigo puedes decir lo que quieras. Piensa que yo te quiero ayudar. Mami no quiere oponerse a tu crecimiento con moralidades hipócritas. Hacer el amor es bonito, si lo haces con quien quieres y al que deseas.

– ¿De veras? ¿No te sientes mal por mí… no está enfadada conmigo, mami?

– No mi amor, para nada. Y tampoco con el patán de tu tío… que podría haber sido un poco más cuidadoso con sus eyaculaciones. Pero lo que más importa es que haya sido natural. ¿Por qué tu… se lo… permitiste, verdad? las palabras eran dichas con pausas.

– Si mami, él no me forzó… al contrario creo que fui yo quien lo buscó y le obligué a follarme.

– ¿Te gusta estar así con él?

– Mucho. Lo más. Me gustan los hombres mayores, son amables, cariñosos y pausados.

– Uy hija cuanto sabes ya. Tu tío es un buen hombre, de los mejores que he conocido en mi vida además de tu padre y algún otro, pero es familia lo cual complica un poco las cosas para la moralidad de una sociedad que se conduce por creencias judeo cristianas… y además es bastante mayor, tanto que podría ser tu padre o incluso tu abuelo… sé que es lo mejor para iniciarte en la sexualidad por su buen saber hacer, pero… ¿no te gusta alguien de tu edad?

– No mami. No conozco a nadie a excepción de Julián.

– ¿Pero si todavía no has tenido relación con alguien de tu edad como puedes saberlo?

– Si tuve.

– ¿Me vas a decir quién o prefieres no decírmelo?

– Con Julián mami. Pero es niño un tonto e infantil… y no tuvimos “todo”. No resultó muy bien.

– Bueno. Es muy jovencito… Pero, ¿Qué quieres decir con no tuvisteis “todo”?

– Eso mami. Que no sentí así… como debe de ser… no sé como explicártelo.

– ¿Qué no te penetró?

– ¡Eso!

– ¿Entonces todavía estabas virgen cuando te folló tu tío Sergio…?

– Este… no… ya perdí la virginidad en la villa.

– ¿Acaso hubo alguien más que Julián?

– Sí.

– ¿Mayor?

– Sí

 ¿Dime quién?

Dudé antes de decir quién. No sé si debía, pero mi madre me abría la puerta dándome la confianza necesaria para que pudiera decir las cosas como eran.

– Te lo digo pero no te enojes con él, me lo dio con mucho cariño y sin forzarme, fue natural.

– No niña. Te prometo que voy a respetar tus decisiones, si es que fueron tuyas. –Arturo.

– ¡Me lo imaginé!

– ¿Por?

– Porque no has sido la única mi amor. Lo conozco muy bien y cuando te dejamos a cargo de ellos, no pensé que todavía estabas deseando algo así… pero él es muy macho y muy follador.

– ¿Por qué dices que no fui la única? ¿Conoces alguien más que se lo hizo?

– Si… – y luego de una larga pausa continuó – “A mí”.

– ¿Follaste con Arturo? Le pregunté sorprendida por haberlo dicho con todas las palabras.

– Si. Pero tu padre no lo sabe con certeza, solo tuvo sospechas y lo dejó pasar. ¿OK?

– Claro mami. No voy a decir nada a papá, pobrecito si se entera de los cuernos que le pusiste.

– Durante mucho tiempo me decía cosas y me rozaba cada vez que tenía una oportunidad. Siempre buscaba una oportunidad para hacerme sentir deseada. Y un día que Rosa se quedó en la ciudad con un amiguito que tienen allí, mientras tu padre y vosotros dormíais y yo terminaba de arreglar la cocina, Arturo entró y al ver que no había nadie alrededor me abrazó por detrás y no me aguanté. Le permití restregarse contra mí y yo lo ayudé. Estaba con ganas de que me lo hiciera y allí mismo en casa me levantó la falda y recostada contra el fogón me lo hizo por primera vez. Pero esto nadie lo sabe ¿ok? Tiene que ser nuestro secreto.

– Claro mami. ¿Hubo más veces?

Hubo un silencio total. Yo no quería hacerla sentir mal, pero como me había tenido mucha confianza para decirme algo así es que le lancé la pregunta. Quería darle la misma oportunidad que me estaba dando a mí. Por eso de la confianza y tranquilidad de poder hablarlo con alguien como ella me había dicho.

– Si hija, si. Cada vez que Rosa se quedaba en la ciudad con el amigo de ellos, un tal Javier, nos juntábamos a escondidas y me follaba hasta acabar corriéndose dentro de mí todas las veces… me gustaba que eyaculaba en mi vagina, sentir sus lechazos me daban la vida por unos días… me hacían la vida más llevadera en aquel paraje. ¿Y tú? ¿Cómo fue? ¿Cuándo?

– Hace poco. Cuando vosotros os fuisteis a la ciudad a buscar el documento empresarial.

– Oh… – se sorprendió. – ¿Y Rosa?

– La primera vez dormía, luego se unió.

– ¿Y cómo fue? ¿Te folló más de una vez…?

Y le relaté la historia tal cual sucedieron los hechos hasta que ellos llegaron de regreso de la ciudad. Inclusive le conté lo de Luis Eduardo. Me escuchó con mucha atención sin la más mínima reacción de contrariedad, eso me hizo sentir madura a mis 12 años, me madre me ayudó mucho siendo comprensiva en mis menesteres sexuales. Pronto aprendí la palabra promiscuidad, recién conocido su concepto, me di cuenta de que en la villa donde crecí, eso era algo normal de ir por casa, lo mismo que el incesto… eso lo supe hablando con Rosa sobre las relaciones sexuales que tenía con el tonto de su hijo. Por esa razón no era mal visto y había muchas relaciones libres entre familiares, la coyuntura lo permitía y exigía al tener que dormir todos juntos. De la misma forma no era inaceptable ni escandalosa la sexualidad entre vecinos. Muchos hijos no eran de quien se tenía por pareja… podrían ser de uno u otro vecino e incluso de los padres que fornicaban con sus hijas y las preñaban una o varias veces, siempre consentido por las madres. Pero también se daba el caso de madres folladas por sus hijos y preñadas por estos. La consanguinidad o la endogamia no se tenía en cuenta, porque había que procrear para tener muchas manos para trabajar en las labores de casa y del campo.

Sin embargo si venía algún forastero, se tomaban mucho cuidado y no era aceptado de esa forma hasta que no estuviera integrado en nuestra villa. Con estas costumbres arraigadas, mi madre no se escandalizaba con lo que había descubierto en mi dormitorio. Pero de todas formas me habló a modo de consejo de cómo tenía que tener cuidado de todo lo que podía entorpecer mi felicidad. En eso estábamos cuando de pronto apareció el tío por la puerta con el pantalón pijama y sin camiseta. Venía un poco sudado de hacer gimnasia.

– Oh, perdón. No sabía que estabas aquí – le dijo a mi madre mirando mi desnudez como queriendo darse vuelta para salir de la habitación.

Y mi madre se le adelantó… – No, Sergio no. No te vayas. ¡Ven! – dijo golpeando la cama con la mano por sobre mí, indicándole que se sentara de mi otro lado.

Me subí las sábanas solo hasta la cintura porque se habían enganchado enredadas en los pies de la cama. Entonces él contestó… – ¿De veras?

– Sí. Ven con nosotras que hablábamos de algo importante.

– ¡Hola preciosa! ¿Amaneciste bien? – me dijo.

– Si… – dije bajando un poco la vista porque me daba un poco de vergüenza estar desnuda con él y mi madre juntos. Aunque ella lo aprobara todavía sentía algo de incomodidad. Se recostó de mí otro lado como si fuera lo más natural del mundo y pasándome un brazo por debajo del cuello le dijo a mi madre…

– He pasado mucha soledad desde que llegué a este país. Tenía necesidad de mi familia y tener finalmente a esta niña aquí es lo mejor que me puede haber pasado recuperando mi felicidad. No digo que haya tenido amigas que se han estado por casa, pero no es lo mismo. Lulú es maravillosa en todos los sentidos, desde niña lo supe y la disfruté como a nadie.

Y mi madre, sin cambiar su humor me daba a entender que aceptaba mi desnudez ante su tío, no era nada tan espantoso estar así, al fin y al cabo somos familia íntima. Y le dijo…

– Me alegro que te sientas así. Ella me ha sorprendido con lo adulto de su comportamiento y cómo piensa sobre el sexo… está más preparada de lo que me imaginaba y me expresó que está dispuesta a ayudarte en lo que sea y estoy de acuerdo que así sea. Que la hayas hecho tuya esta noche, la primera que pasa en esa casa es un primer gran paso que indica mucho.

Me giré abrazándolo. Mis tetitas se apoyaron en su pecho y le pasé una pierna por encima dándole un “piquito” de beso tímido pero agradecido. No sé de dónde ni cómo reaccioné así, pero me sentía segura con mi madre delante por haber hablado de nuestros secretos. Entonces escondiendo mi cabeza en su tórax me animé a decir…

– ¡Es que mi tío es un queso! ¡Y yo lo adoro mami desde chiquita…!

Sergio me abrazó y mirándome me regaló una sonrisa enorme.

– ¡Madre mía! En lugar de parecer tío y sobrina, ¡parecéis un par de novios enamorados!

Y nos reímos todos a la vez.

– ¡Vaya que me gustaría que lo fuéramos! Pero aquí en este país podría ser un escándalo de que este viejo y esta niña tuvieran una relación de ese tipo… le saco casi 35 años.

– ¿Por qué? Sabes bien que nuestras costumbres no nos limitan en esto… en la villa, algunas nenas de ocho años después de hacer la comunión, esa misma noche son desvirgadas por sus padres o padrinos según se dé el caso. Con lulú no porque tampoco ha hecho la comunión.

– ¿De veras no te molestaría que mantengamos nuestras costumbres y me enrollara con Lulú?

– No. ¿No crees que ya hubiera saltado tirándome de los pelos después de entrar a este cuarto tan desordenado y darme cuenta de lo que ha pasado aquí mismo donde estoy ahora? Nada más entrar se huele a sexo, y la cama estar salpicada de chorretones de esperma. Mi tío puso cara de sorprendido. No se esperaba esas palabras de mi madre. – ¿No crees que también podría estar llorando a gritos de ver a mi hija en brazos de mi propio tío prácticamente desnuda como está ahora?

– Lo sé. Me apasiona esta niña. Y su desnudez es torturante para mí. ¡Está tan hermosa!

Y mi madre, mirándole el bulto que había crecido en su pantalón pijama… – Sí, ya me doy cuenta de cuánto te apasiona. Se te ha puesto muy dura nene.

– Y bueno… Si. Ella me pone así… Pero para mí es muy importante lo que tú pienses también Lulú. ¿Te molesta que yo te esté abrazando desnuda adelante de tu madre?

– No. Me gusta mucho –le dije mimosa sin quitarle mi cara de su pecho. Él me acariciaba la espalda.

– Lo que os dije. Parecéis dos tortolitos.

– ¿De verdad lo apruebas? Preguntó mi tío a mamá.

– Si. Me gusta que ella se sienta tan segura con su tío. Sé que tu no la vas a lastimar porque la quieres mucho y bien. Que la vas a amar por encima de tus intereses.

– ¿Ves? – me dijo levantándome el mentón y nos miramos a los ojos. Le sonreí y me dio un besito en los labios. Se lo devolví con la lengua.

– ¿Te gusta estar así con tu tío, hija? ¡Quieres ser su amante, su mujer…!

– ¡Me encanta mami! – le dije mimosa y volviendo a aplastar mi boca contra la suya iniciando una lucha de lenguas muy húmedas. Me monté sobre una de sus piernas y le di un par de fricciones con la pelvis completamente desnuda ante los ojos de mi madre. Mirando a los ojos de mi tío, pero dirigiéndome a mi madre… – Me vuelven loca los hombres maduros y seguros de sí mismos, vosotros me educasteis así. Además de mi tío estoy locamente enamorada y una verga que me parte el corazón y el coño como ninguna… girándome hacia mi madre terminé diciéndole… – Y dile a papá que la culpa es de él y tuya por aficionarme a verle en pelotas y darte verga con tanta pasión estando en la villa, mientras tú lo recibías con tanto amor y gusto.

– Bueno, entonces os dejo solos… me voy a preparar algo – dijo mi madre. – ¿Qué os preparo para desayunar?

– Para mí unos huevos revueltos y jamón. ¿Y tú quieres mi chiquita? Preguntó Sergio.

– A mí leche con cacao ¿Y tostadas…? – me animé a preguntar mirándola sonriente. Ella se adelantó un poco en la cama y se acercó a darme un beso en la boca acariciándome la espalda, después le dio otro más duradero a su tío, haciéndose ventosa en los labios.

– Mi niña se ha convertido en mujer. Y con el hombre que más confío. A ti te tengo mucha fe y sé que no la vas hacer sufrir… ¡Que sepas que en poco tiempo estará preparada para preñarla!

Suficiente. Me estaba autorizando a estar en brazos de él, de ser su amante y que me podía preñar… darle mis hijos a mi tío sería algo maravilloso. Me sentí más aliviada ante la tranquilidad con que mi madre se adaptaba a este ambiente de solidaridad y confianza conmigo y el tío Sergio. Ella veía con naturalidad mi desnudez pegada a mi tío que ya estaba excitado y con el empinado cipote duro contra mi pierna. Me dejaba sola para que me encargara de él, que me lo follase antes de desayunar, algo que las mujeres estábamos más que acostumbradas a hacer, siendo sumisas y obedientes a los hombres. Mi pelvis seguía la danza sobre esa pierna que me estaba poniendo a circular la sangre a toda velocidad, la calentura de coño era más que evidente… tenía la vulva hinchada, mojada y predispuesta.

– De lo que hemos hablado y lo que pasa aquí, tu padre no puede enterarse de nada por ahora hasta que vosotros dos estéis seguros de lo que sentís por el otro. ¿Entendido?

– Siiii… – coincidimos los dos al decirlo y nos empezamos a reír. Ella también y siguió camino.

Ni bien desapareció por la puerta, mi tío Sergio y yo nos enredamos en un beso extremadamente sensual. Su mano fue a parar a uno de mis tetas que hacía rato estaba delatando mi estado de calenturienta por el crecimiento y dureza de los pezones al sentir a Sergio tan cerca. Mis gruesos y largos pezones querían ser atendidos. La polla de Sergio se asomó por entre el hueco de la bragueta del pijama y se la rodee con mi mano sin dejar de besarlo. Me tiré encima de él a lo largo con las piernas abiertas y guie ese pedazo de carne endurecida que tanto deseaba en ese momento hasta la entrada de mi conejito. La cabeza me penetró quedando rodeada por los inflamados labios de mi vulva. Así con su verga apenas se adentro, empezamos a jugar moviendo las caderas. Me excitaba tenerla así.

– ¿Te la meto mi amor? – dijo poniendo su manos en mis nalgas para aferrarse a ellas en el momento de penetrarme hasta el fondo.

– Siiihhh… dije gimiendo. – ¡Clávemela a fondo… hasta los mismos huevos quiero sentir!

Y cuando me preparaba para empujar mi vientre y hacerlo realidad, sentí a mi madre otra vez entrar al dormitorio y quedé congelada sin saber qué hacer. La cama estaba frente a la puerta. Seguro que me estaba viendo penetrada por esa gruesa verga con mis piernas bien abiertas a horcajadas sobre su tío, dándole a sus ojos un amplio panorama de lo que sucedía. Entonces di vuelta mi cara por sobre mi hombro y me quedé mirándola mordiéndome el labio inferior con cara de inocente como pidiendo disculpas con mi expresión. Pero solo dijo…

– ¡Vosotros no perdéis el tiempo! A ver tortolitos… podéis hacer una pausa tal que así como estáis para decirme si queréis que os haga café solamente o con leche.

– Con leche – dijo mi tío sin soltarme las nalgas.

– Ya veo… necesitarás reponerla claro – dijo mi madre con sarcasmo y volvió a irse mientras nos decía en alta voz… “¡Os doy veinte minutos…! Así que apuraros…”

Tío Sergio y yo nos miramos y como si fuera algo natural no esperó a que mi madre se fuera. Me la empujó hasta hacerla desaparecer dentro de mí.

– Lulú… ¡que caliente estas mi niña! Y tu madre me ha puesto más excitado pillándonos…

La sacó y girándome se subió sobre mí metiéndomela otra vez de una sola estocada. Miré por encima de su hombro y me percaté que en la puerta abierta, mi madre y yo nos sonreímos pero no por mucho porque abrí la boca para gemir cuando me la empujaba otra vez con fuerza y perdí la atención totalmente concentrándome en lo que Sergio me hacía sentir clavándome su espolón hasta el mismo útero. Estaba empalada por el miembro de mi tío que me llenaba estirándome toda la vagina para poder estar dentro de mí… me mataba a pollazos divinos. Todo parecía una escena surrealista. Pero no lo era, la niña ya era una mujer y la madre disfrutaba viendo como era montada por su querido y amado tío. Mi madre desde su posición debía ver el tallo del gran cipote de Sergio que nacía en su culo y continuaba con un gordo y extenso tronco que me perforaba hasta los mismos testículos, que yo misma percibía.

Entonces él me arrancó otro fuerte gemido que no pude disimular y comencé a mover las caderas buscando más placer acompasando sus vaivenes con los míos.

– Qué rica tienes el coñito mi amor – me decía, – Todavía la tienes tan apretada que me vas a sacar la leche muy pronto.

– ¡…aha…! No está tan apretada, es que tienes una verga muy ancha tío y mis paredes se estiran cuanto pueden, pero no dan tanto de sí – decía yo con desesperación para que se siguiera moviendo porque me estaba a punto de venir un orgasmo

Peleamos con los movimientos de caderas y pegando con violencia un sexo contra el otro. Sentía sus testículos pegando en mis nalgas como dos bolas de derribo intentado tirarme.

– ¡Mi chiquita, te voy a dar la leche ya!

– ¡¡¡Siiii…. yo también!!!

Habíamos durado poco haciendo el amor. ¡Ya no podíamos esperar más! Y grité con un gemido insoportablemente ronco desde lo más profundo de mi garganta a la vez que sentía los azotes de su verga muy adentro mío derramando esperma sin parar. ¡El calor mojado de su semen por dentro me hacía feliz! Era mi premio siendo apetecible para mi hombre. Y sin dejar de moverse fue bajando la frecuencia de sus empellones vaciando sus cojones. Yo me calmé, pero el ruidito acuoso que causaban nuestros sexos friccionándonos ensopados era delicioso de escucharlo. El olor a sexo, ahora más fuerte, cerraba el final de una follada que no esperaba, de una calentura que no había sido planeada. Entonces recordé a mi madre y miré. Pero ya no estaba. Se había perdido las corridas en su máximo éxtasis.

En esas mismas semanas me llegó la menstruación. Lo que recuerdo es que mamá ya me había sentado previamente a hablar del tema y cómo era el asunto de las relaciones sexuales, a su modo, con sus palabras, lo hizo. Ahora siento que su explicación, sólo se limitó a lo biológico y genital. Mi madre hizo lo que pudo con las herramientas que contaba. Me contó que a ella le bajó a los 14 años y como no estaba informada pensó que se iba a morir.

 “¡Recuperar la sabiduría que se pasaba de generación a generación es otra de las herramientas que nos empoderan a las mujeres!

En la distancia y teniendo versiones distintas sobre menstruar, este ha sido cargado de creencias religiosas y culturales con una connotación que roza o supera la maldición. Estudiando la historia, muchas civilizaciones han presentado a la mujer como un ser condenado al padecimiento “parirás con dolor…” y nos creímos que vivir el placer del sexo con gozo, era pecado y motivo de culpa. No obstante, yo no lo viví desde mi interpretación en casa. Es tan relevante saber que ser feminista es abrirnos camino entre el patriarcado que nos encadenó reprimiendo el disfrute. Todavía hay que aclarar que no es estar en contra de los hombres, es defender la libertad de sentir, pensar, decir y hacer lo que cada una quiera como mujer…. Poder follarnos a cualquier hombre de la misma manera que ellos se han follado a lo largo de la historia a cualquier hembra disponible, de ahí todo lo que respecta la libertad sexual de la mujer es denigrante… puta, zorra, mujer fácil… y no hablemos del amor entre familiares, eso todavía en un tabú mayor, pero… ¡Gracias a mis padres está más que superado en casa!

El caso es que yo ya estaba integrada en un instituto de la periferia de Lyon cuando me llegó la menstruación… ¿Cómo viví mi ciclo? Para mis congéneres femeninas, la vivencia de la “la menstruación” por todo lo anterior relatado es algo feo y asqueroso, por la gestión del sangrado. Doloroso, pues entre los 12 y 15 años la sangre bajaba por 7 días aproximadamente y tenía muchos cólicos, te dobla en la cama de quejas. Amenazante, al no poder hacer nada cuando “venía”. Secreto, sólo las madres saben sobre tu sangrado. Tabú, “de eso” no se hablaba. Negativo, dado que emocionalmente es intolerante, les nacía decir muchas groserías y en contra de este don de la naturaleza.

Luego pasan los años, me comenta mamá, y empiezas a hacer un trabajo formándote como terapeuta menstrual y te das cuenta que lo has vivido como una “enfermedad o dolor” porque inconscientemente continuaba el legado familiar, cultural y social repitiendo frases como… estoy indispuesta”, “me vino la regla”,  “Cariño que viene una vez al mes”.

En ese momento, no había internet para googlear, ni redes sociales donde hoy tenemos el gusto de acceder para conocer hermosos trabajos que hacen muchísimas mujeres por todo el mundo. Acompañar a las niñas en ésta transición es un trabajo delicado que requiere la suavidad de una mujer. Ahora mi madre me dice a viva voz… ¡¡Nuestro sangrado es sagrado!! Gracia a mamá la menstruación hoy para mí es un momento esperado, alterno entre fertilidad e infertilidad manifiesta. Un tiempo de siembra de intenciones y entrega al gozo de ser hembra. Un acto consciente, porque sigo las mismas cosas a otro ritmo, respetando mi cuerpo y haciendo una lectura del mismo. Positivo en todo sentido nuestro ciclo es un don de la naturaleza, un regalo a las mujeres cuando toman conocimiento, contacto y activación del poder de su útero procreador, somos poderosas en tanto el semental desee sembrarnos, y somos poderosas sembradas. Aun panzonas albergamos atractivo para ser fornicadas, luego parimos a sus vástagos y los alimentamos haciéndolos nuestros bajo el amparo maternal

Pensando en esto, así como yo me reconcilié con mi menstruación en un acto de consciencia, con el formato de Ritual de Paso «Celebración a la mujer» incluyo el tránsito por las diferentes etapas del ciclo de vida de la mujer, celebrar la menarquía es uno de ellos, por eso en casa era un motivo de júbilo que mi vientre entrase en el estado de fertilidad. A esas alturas todos los adultos y yo teníamos los roles familiares consolidados, pero como ya he dicho somos una familia al uso…manteníamos las costumbres ancestrales que practicábamos en la villa.

Al ser una mujer propicia para quedar preñada, todos los machos de la familia y amigos de confianza alcanzaban el derecho de uso y disfrute de la novicia. Ahora era mi turno, lo mismo que ocurrió con mamá y se repetirá con mi hermanita de 5 años cuando llegue el momento. Las parejas estaban claras… mamá y papá, mi tío Sergio y yo. En mis tíos transcendía como algo natural el hecho de mostrarnos desnudos o demostrar el amor sexual sin tapujos o pudor, intercambiar parejas y demostrar cariño a los pequeños con caricias y besos con carga lasciva.    

Era una tarde calurosa de verano. Mi madre había decidido acostarse en mi cama pues esa parte de la casa que compartía con mi tío era la más fresca de toda la casa, y dejándome a mí la única oportunidad de acostarme en su cama, sola. Mi padre llegaría a deshoras por cuestiones de trabajo aquel sábado donde en la fábrica se complicaron las cosas. A pesar de ser verano, mi padre seguía trabajando al igual que mi madre en horario laboral normal, salvo que mi padre hacía turnos de guardia y si había problemas lo llamaban, como fue el caso esa mañana sobre las 8… Mi padre volvió a esos de las 17 horas… mi tío andaba por el jardín después de haberse follado a su hermana en la habitación, nuestro nido de amor. Aprovechó la ausencia de mi padre y lo cachonda que está mi madre después de comer en plena siesta… comer, follar y dormir, son el orden de los eventos que más gusta a mamá en fin de semana.

Como todos ya sabéis, mi habitación no era sólo mía, sino que Sergio la compartía conmigo tras hacerme oficialmente su amante, parte del trato no escrito entre mis padres y mi tío tenían para lograr esa nueva mejor vida que disfrutábamos lejos de la miseria en la villa de la Alcarria.

Aquella tarde estaba siendo más calurosa de lo normal, y entre sudores y suspiros había acabado durmiendo desnuda. No sabía cuánto tiempo me había tirado dando vueltas, pero por fin me dormí. Me desperté al notar movimientos a mi espalda y como alguien se posaba sobre el colchón a mi lado, en principio pensé que Sergio se había quedado con ganas tras el fornicio con su hermana, pero pronto descubrí la verdad. Mi padre había llegado sigiloso entre la penumbra de la habitación, se había desnudado y me susurró…

– ¡¡Cariño necesito follarte!! He tenido un día muy duro y quiero relajarme… anoche tu madre no me dio bola y me quedé con las ganas. ¡Comienzo a tener un dolor insoportable de huevos!

Yo abrí los ojos como platos al escuchar el balbuceo de mi cachondo padre a mis espaldas. De pronto, empezó a recorrer mi espalda y mis nalgas con los dedos, y no sé cómo pero deseaba que no parase. Sus caricias eran el complemento perfecto al ventilador de techo que me refrigeraba, ¡¡me sentía feliz al ser tan deseada en casa!! Estuve tentada a girarme muerta de la culpa por estar disfrutando de ese recorrido áspero de sus manos o por lo menos de intentar hacerme la dormida, pero cuando su mano viajó a mi coñito jugando con mis labios vaginales y clítoris, no pude evitar un suspiro de placer, respingando mi culito en un mejor acceso.

Sentí su polla latiendo con fuerza contra mis nalgas, y pronto empezó a restregarse con fuerza contra ellas. Yo consciente me pegué más a esa dura vara que estaba proporcionándome placer…débiles gemidos salían de mi boca. Tenía a papá desnudo sobre su cama de matrimonio, seguramente esperaba encontrar a su esposa, pero que fuera yo tampoco le disgustó nada… cuando se dio cuenta de que era su hija y no su mujer, no paró de seducirme, más bien al contrario. Los vaivenes de sus dedos se hicieron bruscos horadando mi vagina y eso aumentó mi placer. Empezó a susurrar mi nombre mientras me masturbaba, y con su mano libre ahogaba mis gemidos metiendo dos dedos en mi boca para que se los mamara.

Me sentía desatada chupándole los dedos, del mismo modo mamo una verga. Me regocijaba la paja que me daba y en la chupada sensual, liberando mi parte más sucia y perra que de mí se había desatado en los últimos meses. Ardía en deseos, cachonda por pensar que mi padre me iba a follar, con mi madre y mi tío en por casa. De pronto me abrió de piernas de una manera brutal, haciendo que llevase mis rodillas hasta mi pecho y dejándole mi coño como una ofrenda a un dios pagano. Nos cruzamos las mirada por primera vez, le sonrío y el a mí con la respiración agitada y el cipote tenso. Se agachó y comenzó a pasar la lengua extendida desde mi ano al clítoris, haciéndome una refriega en toda regla… se cebó en mi pepita un buen rato.

Yo no lo pude resistir mucho más, me venía un orgasmo delicado que me electrificaba todo el cuerpo, me empezó a follar con la lengua mintiéndola con dureza al ponerla rígida, metiendo y sacando a un ritmo endemoniado. No decíamos nada, todo nuestro lenguaje era corporal aprendido por generaciones y generaciones de seres conscientes que la procreación es cosa de dos, que no importa quiénes son esos dos porque un coño es un coño y una polla es solo eso… una polla, y ambos están ahí para realizar su función natural. Su boca era demoledora comiéndome el conejo, la vulva la tenía hinchada y el clítoris me estalla en dolor de lo duro que estaba. Su boca sopaba todo, me follaba sin pudor hasta que me corrí en su cara. Convulsionaba soltado mis fluidos contra su boca. Se los bebía afanándose en tragar todo lo que podía… Acabé en una templanza divida un minuto después, rendida a sus pies.

Sin mucha más dilación, mi padre colocó la enorme cabeza de su gran falo en mi entrada y se hundió de una sola y profunda estocada, con rabia, con ganas, sabiendo que el coñito de su hija ya está acostumbrado y bien lubricado para esas estocadas con su gruesa y dura bayoneta. Tenía lágrimas en los ojos por el placer, y cuando empezó con su bestial invasión tenía que morderme el labio para no gritar. ¡Mi padre me estaba dando unos de los mejores orgasmos de mi corta vida sexual! Sentía como me ahondaba la verga, el golpeteo de sus cojones de donde un día salí me llenaban de morbo. Mi pobre padre se afanaba más y más poniendo toda la carne en el asador, y nunca mejor dicho… toda su polla la tenía en mi abrasador coño, hasta los mismos huevos. El ritmo se fue incrementado, el gesto de su rostro cambiaba a al consabido esfuerzo… y ¡Zas! La metió a tope emitiendo un rugido viril al tiempo que eyaculaba dentro del útero de su hija. No tomamos precauciones y ya tenía la regla, solo que no era un momento fértil, de acuerdo al Calendario Ogino de mamá. Sentía pulsar la tranca de mi padre eyaculándome internamente. Que fuera habitual, no dejaba de ser morboso.

– Dame un poco más… estoy a punto de correrme ¡No pares por favor! ¡Fóllame fuerte papi!

Mi padre consecuente con mis deseos, aprovechó su dureza para continuar follándome en busca de mi orgasmo… unos segundo más forzando mi clítoris lo logró. Dos orgasmos a uno. Sin embargo, en nuestra nube de placer, no nos dimos cuenta que desde la puerta entreabierta nos estaba espiando mi tío. Cuando mi padre lo descubrió mientras yo me corría con fuerza, hizo algo que todavía me sorprende, invitarle a pasar para, según dijo, disfrutar del coño de su hija. Mi tío se acercó con su polla en la mano, húmeda y dura. Se había estado masturbando mientras veía como follaba con mi padre… Y ahora, era su turno. Mi padre se salió de mí de golpe, dejándome con su semen en mi interior y unas ganas tremendas de que mi fornido tío, que tenía la polla todavía más grande que mi padre, me follara.

– Sin miedo, Sergio – dijo papá mientras se acariciaba a sí mismo y sonreía. – Tu putita ya está bien húmeda y muy lubricada. ¡Lo mejor de esta puta es que quiere más leche, mucha más!

Sentirme la puta de esos dos morlacos me estremeció, porque una nena de 13 años es difícil que disponga de dos sementales como disfrutamos en casa, y ambos me deseaban o simplemente anhelaban perpetuar sus genes dentro de mi panza… “tanto monta, monta tanto”, el caso es que me los follaba a los dos. Sergio se acercó a mí, con su cuerpo de macho fornido  muy cachondo, me puso de espaldas a él a cuatro patas, elevó mi culo enfilando su glande en mi entrada entreabierta y de golpe como había hecho papá, se hundió en mi coño. Tuve que morder la almohada para no gritar al sentir toda la barrena perforándome de una sola vez… la tranca de Sergio me dolió por la postura de perra. Me hizo sentir su verga hasta el estómago, y su grosor y longitud no ayudaron a que me doliese menos. Le agarré de los huevos al cabrón.

Sin embargo, las lágrimas que tenía en los ojos y la baba que salía de mi boca demostraban que estaba disfrutándolo como una perra. Mi tío llegaba todavía más adentro con cada estocada que mi padre, y yo me quedaba sin aire por los orgasmos a los que me arrastraba. Gracias a su excelente forma física y haber vaciado la primera descarga en el coño de mi madre, estuvo follándome durante largo rato ante la visión de mi propio padre, el cual se sentó a disfrutar del show que le daban su cuñado jodiéndose a su hija. De vez en cuando miraba a mi padre, veía como se masturbaba sonriendo cómplice con el otro macho que me follaba, hasta que por fin se corrió en mi interior, mezclando ambas corridas en la coctelera de mi útero.

Yo jadeaba contra la cama, sintiendo como el semen de mi padre y mi tío se fundían en mi interior… Me sentí llena como nunca. Pero no todo acabó ahí. Pronto, mi padre se acostó en la cama y me obligó a sentarme sobre él, dándole la espalda. Al parecer, el follar con mi tío delante de él le había vuelto a subir la erección… Y yo no pensaba desaprovecharla.

Sudorosa, me puse como me ordenó y empecé a gemir cuando llevó el semen de mi tío (que salía lentamente de mi coño), hasta mi ano y me penetró con un dedo. Sentí la tensa invasión y me arquee. Llevaba mucho tiempo sin tener sexo anal, y la polla de mi padre comenzaba a tener la rigidez idónea para horadar mi ano. Empezó a dilatarme con paciencia, y entre la saliva de su boca y la presión de sus dedos acabó dejando que hasta tres de sus gordos dedos entrasen. Mientras tanto, mi tío se había vuelto a poner cachondo con papá me abriéndome el  ano. De pronto una perversa idea se me pasó por la cabeza, agarré la tranca de papá y la enchufé en mi culito, hundiéndome la polla de mi padre en mis entrañas. Fui metiéndola a pequeños empellones hasta tenerla bien acoplada más de la mitad, entonces me recosté y llamé a mi tío para que me follara por delante.

Él jadeo cachondo perdido y, cogiendo mis piernas me despatarró. Sin necesidad de guiar su duro falo, me la hundió de nuevo en mi coño, y ahí empezó todo en esa doble penetración. Como un sándwich donde yo era la hamburguesa, esos dos enormes machos me perforado como a una vulgar puta de carretea. Sentía las pollas de los hombres de mi vida entrando y saliendo de mí. Me sentía como una perra en celo pero me encantaba notar los jadeos de mi padre en mi oreja mientras me magreaba las tetas, y besar a mi tío mientras ambos se corrían en mi, fue la mejor sensación que tuve en mucho tiempo… Y por supuesto, al día siguiente lo volvimos a hacer con la colaboración de mi madre. Entonces fue ella la que fue empalada por ambos agujeros a la vez.  

 

¡Lulú! Oui c’est moi. 11º Capítulo




Armonía familiar. Abrazada a tío Sergio me cayó la realidad del enorme cambio que había tenido mi vida. La inocente niña de una villa perdida en un lugar de la tierra, tenía ahora un mundo que por mucho tiempo fue algo que no creía poder alcanzar algún día. O sea que me sentía la niña más afortunada del planeta. Y lo que más fundamento le daba a mi felicidad era el hecho de que mis deseos se cumplían bajo mis propias decisiones, al amparo y apoyo incondicional de una de las personas más importantes de mi vida…, mi propia madre. Ella me permitía caminar por ese callejón hermoso del descubrimiento de la vida, por esa ruta de felicidad que solo me hacía sonreír, sentir cosas hermosas y bellas... gracias a ella mis experiencias se convertían en escenarios gozosos. Mi padre tampoco era ajeno a mi felicidad gracias a la relación con mi tío, pese a ser la niña de sus ojos, permitía que fuese su hembra, que tuviésemos relaciones completas acostándome en la cama de su cuñado 30 años mayor que yo, sabiendo que a su niña se la follaba todos los días a pelo y sin compasión… ¡Mis gritos orgásmicos solían ser escuchados por mis padres! Así de relajada estaba cuando me trajo a la realidad un grito desde abajo, en la cocina…

– ¡El desayuno está servido! ¡Vamos que se enfría y ya no estará tan bueno…!

Ya en la mesa estaba todo listo. Ni bien me senté y empecé a comer, caí en la cuenta del hambre que tenía… un descubrimiento nuevo, follar consumía muchas calorías y provocaba comer sin pausa, lo cual les dio risa a mi madre y a Sergio, para lo delgada y larga que era.

– Hay cosas que dan hambre mi amor… – dijo ella sonriendo y pasando la mano por mí cabello. – El ejercicio físico y mental son dos factores que nos consumen mucha energía. 

Charlamos un rato hasta que aparecieron mis hermanitos y detrás mi padre listos para ir a hacer las compras del mercado para la semana ya que iba a ser intensa para él. Mami decidió quedarse porque no estaba con ánimos de caminar por el mercado y padre se las arregla solo

– Iros solo vosotros los varones a divertirse – les dijo cariñosamente.

Papá lo tomó con mucho agrado y dándole un beso… – Me los llevo a un club con luces de colores… – guiñándole un ojo para darle a entender el tipo de club al que se refería, se rieron.

– ¡Si te los llevas a un club de esos yo te cuelgo de ya sabes dónde! Para ver mujeres desnudas no necesitas pervertirlos en el vicio.

Y siguieron las bromas de ida y vuelta por unos minutos sobre nuestra franca libertad sexual en casa con el nudismo natural que siempre teníamos. Desde que habíamos llegado el buen humor se hacía sentir constantemente en todo el ambiente.

Así fueron pasando los días, las semanas y los meses, aprendí fácilmente bastante francés y me pude incorporar a una clase normal de secundaria con refuerzo idiomático, además del de inmersión. En todo ese tiempo fui conociendo el área donde vivía, las costumbres de Sergio y el ritmo en que se moviliza la gente de aquí. También conocí a Héctor un guapísimo hombre que resultó ser el mejor amigo del tío y tres matrimonios más o menos contemporáneos. Uno de ellos tenía dos niños y una niña que jugaban con mis hermanitos cada vez que venían.
Volviendo al momento, yo estaba estudiando intensamente francés y me preparaba para vivir en Francia. Viajaba en tren a cinco estaciones de distancia que me llevaba unos 45 minutos de viaje. A mi regreso siempre que llegaba a la estación para esperar mi tren, coincidía con una pareja que a la tercera vez de vernos me preguntaron de donde era, porque no parecía francesa por mi comportamiento.

Casualmente ellos eran un joven matrimonio valenciano que había nacido en Gandía. Con el correr del tiempo nos hicimos amigos. No podían creer la suerte que nosotros habíamos tenido de poder salir de esa villa donde vivíamos. Claro que les expliqué que quien había provocado todo ese movimiento había sido mi propio tío que se estaba convirtiendo en mi verdadero amor, el primer hombre del que me enamoré…, con amor sin celo de posesivo.

En fin, a medida que pasaba el tiempo la vida me ofrecía más descubrimientos y un crecimiento con mayor seguridad, que me permitía disfrutar y aprender. Por supuesto me llegó la menstruación, eso conllevaba el control de las folladas hasta ahora indiscriminadas con llenada de útero con cantidades ingentes de esperma. En todo este tiempo fui desarrollando una curiosa forma de entretenerme. Me picaba la curiosidad de cómo funcionaba la sociedad europea y ya fuera en la calle, en el lugar donde vivíamos, en un restaurante o en el tren, estudiaba los gestos, las reacciones de las personas y sacaba conclusiones de cómo eran, qué buscaban en ciertos momentos y cuál sería su carácter y sus emociones. Y lo mejor de todo es que pocas veces me equivocaba.

Hasta ese momento no lo había puesto en práctica en la casa, hasta que accidentalmente un día me llamó la atención un comportamiento de mi madre que se repetía cada vez que estaba en presencia de Héctor cuando no estaba mi padre delante. Se comportaba con acciones de una chica joven, nerviosa, pendiente a cualquier deseo que él tuviera como por ejemplo alcanzarle una cerveza o tonterías de esas. Yo estaba segura de que a ella le gustaba demasiado porque nunca la había visto comportarse de esa forma, y no lo dudo porque él estaba muy apetecible… A pesar de ser menor que ella, cuando estábamos juntos el comportamiento de Héctor parecía más adulto que el de mi madre. Pero por el momento él no reaccionaba a esos “mensajes” corporales que mi madre exteriorizaba inconscientemente.
Tengo que confesar que este suceso no me hizo sentir mal para nada. Al contrario, me sentía que era el momento de obrar como ella lo había hecho conmigo. Quería ayudarla a contarme lo que le pasaba, pero esperaba que ella misma tomara la iniciativa.

Héctor y Sergio se llevaban una buena diferencia de edad de casi 17 años. Pero él fue quien ayudó a mi tío cuando emprendió su aventura en el negocio al llegar a Francia y desde ese momento se convirtieron en amigos inseparables. Por eso es que a nuestra llegada y una vez  estuvimos acomodados, fue la primera persona de su grupo que conocimos. El día que vino por primera vez a casa, charlamos muchísimo. Los niños lo agotaron con sus correrías y él se prestaba para todos esos juegos. Luego cuando los mandaron a dormir, nos acomodamos en el salón, mi padre, mi madre, tío Sergio, Héctor y yo y hablamos de muchas cosas.

Héctor siempre lucía guapísimo, vestía con muy buen gusto. Era alto, delgado de cintura y una espalda bastante ancha. Sus brazos denotaban que era de los que van a menudo al gimnasio, aunque nada exagerado. Tenía la cara bien limpia y siempre medio afeitada con barba de 3 a 5 días, nariz gruesa pero elegante, cejas abundantes y bien oscuras, ojos oscuros y vivaces y el pelo bien negro, perfectamente cortado y peinado. Sonreía constantemente y poseía un muy buen sentido del humor.

A partir de ese momento comenzó a aparecer en la casa a menudo. Se notaba que en esa amistad con mi tío no se guardaban muchos secretos. Y entre algunas de sus acciones y por la forma en que Sergio se comportaba conmigo frente a su amigo, mi insoportable instinto permitió que comprendiera que Héctor ya sabía lo que había entre nosotros. Por lo tanto, yo tampoco me sentía incómoda de poder sentarme con mi tío en sus piernas o al lado de él apoyando mi cabeza en su pecho.

También lo descubrí varias veces mirándome por entre mis cortitas faldas o directamente al culo con mi mallas ajustadas, pero con falda era más divertido, de ahí que me las pusiese cuando estaba en casa, así que me tiraba en el sofá con Sergio a lo que, por la confianza que habíamos desarrollado, no me daba vergüenza fastidiarlo y le abría más las piernas en tono de broma. Era algo en que los tres participábamos.

El siempre nos decía… – “No me provoques porque yo soy como un animalito que siempre está con hambre…” y continuábamos con las bromas “sensuales” siempre que se daba la oportunidad.

Pero esa distancia que todavía nos separaba de la confianza total, una vez se acortó un poco cuando los tres veíamos una película en el sofá del salón, yo me había tendido a lo largo entre los dos. Cada uno ocupaba las puntas opuestas. Mi cabeza apoyada en Sergio y mis pies tocándole la pierna a la altura del muslo a Héctor por la falta de más espacio para estirarme. Después de un par de escenas bien atrevidas de la película donde una pareja estaba en la cama haciendo el amor, sentí sus manos acariciándome los tobillos. Luego llegó varias veces hasta mis rodillas. Tío Sergio lo había visto pero parecía no importarle. Seguía absorto en la película pero en mi mejilla me hizo sentir que le provocaba calentura la situación ya que le sentí crecer el bulto mientras eso sucedía. Por un momento miré por encima de mi cuerpo estirado y vi que el bulto de Héctor también estaba bien crecido. Sonreí internamente porque me gustaba ser responsable de esas reacciones viriles. Lo estaba disfrutando.

Después de la película, Sergio le dijo que se quedara en el cuarto de al lado nuestro y al Héctor decirme las buenas noches con su pijama puesto se me pegó a más de lo acostumbrado haciéndome sentir claramente su dureza por un par de segundos.
Fue la primera vez que hubo un acercamiento físico. Me sonrió y se fue. La primera vez que me hacía saber de su sexualidad y también fue la primera noche en que follando con Sergio mientras me tenía penetrada por delante, me acarició con un dedo la entrada de mi trasero…

– ¿Te imaginas la polla de otro hombre metiéndotela aquí mientras tú y yo follamos así…?

Lo único que hice fue gemir por lo que estábamos haciendo, sin prestarle mucha atención a lo que me había dicho. Pero luego, atando cabos me di cuenta que él había pensado en la posibilidad de Héctor como ese “segundo hombre” en medio de nuestro apareamiento y  seguro esperó una respuesta de mi parte para que sucediera. Pero no me di cuenta a tiempo y nada pasó. Por un tiempo todo siguió igual y seguíamos esas reuniones y no existieron mas acciones de ese tipo.

Preparábamos comida, a veces se abría una botella de vino tinto y una de blanco espumoso  que a mí me encantaba, tirándonos en el suelo, en el sofá o en el dormitorio a ver la copa europea que recibíamos en el cable o alguna película. Héctor no era nada tímido y no ocultaba sus reacciones cuando veíamos películas fuertes, las cuales ponían cada vez con más frecuencia, pero todo continuaba igual, sin otras provocaciones más que las de acariciarme las piernas.

Su presencia se hizo habitual. Ya tenía confianza con toda la familia. Pero había algo especial en Héctor, que empezó a llamarme la atención cuando él estaba en presencia de mi madre. Cuando no estaba mi padre ni los niños, ahora era él quien la miraba alejarse o acercarse cada vez que mi madre se levantaba de la mesa o de un sofá. Finalmente parecía haber cedido a las provocaciones disimuladas.

Buscaba sentarse siempre del lado donde ella estuviera en presencia de papá o no y, le daba conversación constantemente. Entonces le puse atención a mi madre y noté que ella reaccionaba con una constante sonrisa desde que Héctor llegaba y se ponía muy nerviosa cuando le daba un beso en la mejilla separándose rápidamente de él si estábamos todos presentes. Pero cuando estábamos solos mi madre, Sergio, Héctor y yo, no se separaba con tanto apuro del beso de bienvenida regocijándose en él, siendo más atrevido e incluso llegando a posar los labios en los de Héctor…las posibilidades de fornicio entre ellos crecían de manera cuantitativa. Otra señal que comprobaba mi teoría, era que ella venía vestida cada vez más coqueta con faldas vaporosas o ropa ceñida que marcasen sus encantos femeninos.

Ver esas reacciones es a lo que se le llaman “lenguaje corporal” y a mí me fascina poner atención a ese comportamiento con el que nadie puede ocultar el verdadero sentimiento con que se actúa ante cualquier situación. Sentí que mi teoría tenía bases fundamentadas una tarde de las tantas en las que mi padre se iba con los niños a ver baloncesto (se habían hecho fanáticos del equipo de la zona) y luego los llevaba a comer como siempre. Como en otras veces, decidimos ver la televisión en el dormitorio grande de Sergio. Yo me había tirado sentada sobre mi amante con mis piernas enrolladas sobre las de él como en posición fetal, abrazada de su cuello, ya que él se había recostado sentado contra el respaldar de la cama.

Estaba de espaldas a Héctor que también estaba contra el respaldar al lado de su amigo y después de él mi madre acostada de lado sobre la almohada con sus rodillas casi pegadas a él. Yo tenía puesto un short bien corto de paño que dejaba descubiertas las curvas de mis nalgas y una camiseta sin mangas. Mamá, se había venido con un short de paño también ajustado, aunque un poco más largo que el mío y un top de tela delgado sin sostén que dejaba notar sus todavía buenas tetas y algo de sus pezones que se ponían duros porque creo que a propósito se ubicaba donde el aire acondicionado le daba de lleno.

Esa tarde decidimos ver una película. La eligió Sergio. Luego me di cuenta que era una de las más fuertes que yo había visto hasta ese momento. El argumento era totalmente sexual. Una mujer algo frígida le es infiel a su novio cuando conoce a otro hombre que la calentaba con solo mirarla. Éste la transformaba en una máquina sexual infernal y en la primera escena a los casi cinco minutos de película, la mujer le chupa la polla debajo de una mesa en un restaurante. De allí se la lleva a un hotel donde en la escena siguiente la desnuda lentamente besándola por todas partes hasta que se la monta encima con ella prácticamente gritando gemidos de goce. Esa escena extremadamente porno duró una eternidad. Algo que calentaba a cualquiera que la viera… Ambos machos empalmados y las hembra mojadas, ambas.

En ese instante, el brazo de Sergio bajaba por mi espalda metiendo su mano por detrás de mi short. No me había puesto bragas. Empezó a acariciarme con el dedo entre las piernas y como estaba de espaldas a Héctor y mi madre, no veía si me estaban mirando, pero si lo hacían estaban viendo claramente que yo movía el  culo disfrutándolo sin pena. Levanté la cabeza y besé a Sergio en los labios con pasión metiendo lengua. Cuando nos separamos de ese beso, me miró sonriente a los ojos… 

– Mira a tu madre y a Héctor. Dijo en un susurro.

Cuando giré la cara, me encontré con que la mano de mi madre acariciaba la pierna de Héctor mirándolo fijamente a su dura pija por sobre el pantalón. Él le acariciaba el cabello y los ojos de mi madre subieron hasta encontrarse con los de Héctor. Ahora se miraban intensamente a los ojos. Se veía claramente que la calentura de ella la tenía totalmente descontrolada y abría un poco la boca para gemir en silencio. Posó la mano más atrevida y ahora palpaba toda la longitud del cipote de Héctor, este se dejaba sonriente acariciando el cabello de mamá.

Parece que intuyó que Sergio y yo la mirábamos y por un instante las dos nos encontramos cruzando nuestras miradas. Le sonreí aprobando lo que sucedía en medio de un gemido y entrecerrando los ojos porque el dedo de Sergio se había colado entre los labios de mi vagina entrando suavemente por la humedad que me invadía. Volví a besarlo. Ahora las lenguas, la saliva y los labios se restregaban con más frenesí, el beso era sonoro para la otra pareja. Era un momento muy intenso. Los gemidos que salían del televisor eran de una mujer en celo teniendo un orgasmo inacabable siendo penetrada con furia. Mi mano bajó hasta encontrar el elástico del short de Sergio y atrapé lo que tanto deseaba, no llevaba calzoncillos y facilitó la tarea. Sin prestar atención a lo que sucedía a mi lado lo empecé a masturbar mientras nos besábamos, la verga de mi tío creció a su punto de dureza óptimo…me encantaba ver aquel falo sin prepucio de cabeza hinchada y sobresaliente como una seta.

Se sumaban dos dedos dentro de mi coñito y cada tanto los llevaba hacia atrás mojándome con mis propios jugos la entrada de mi trasero. Mi tío giró junto conmigo mientras me bajaba el short por completo. Quedé pegada al lado de Héctor y al mirar hacia abajo vi a mi madre chupándole la verga ayudándose con las dos manos en el tronco. Él tenía los ojos cerrados. Sergio bajó hasta ubicarse entre mis piernas y me penetró con la lengua con sus manos apartando las rodillas lo más que podía. Por esta nueva posición, mi pierna derecha descansaba en la de su amigo que al sentirla giró su cabeza mirándome tan cerca que me provocó más calentura y sin ofrecer más resistencia nos besamos en la boca con una intensidad poco común. ¡Por fin sentía esos labios a los que tantas ganas de tenía! Los dos nos movíamos de la cintura para abajo por la sensación que nos hacían sentir y en cada estocada nuestras bocas se chupaban comiéndose al tiempo que mi tío se jalaba mi coñito y mi madre le comía la verga a Héctor con devoción, llegando a profundidades que no imaginaba mi madre pudiera tener y, volvían a aplastarse para darle entrada a las lenguas.

Pasados unos minutos sentí que Sergio abandonaba mi ensopada vulva y Héctor me rogaba… – Súbete en mi boca Lulú que tengo muchas ganas de comerte tu coñito.

Sin hacerme esperar miré a Sergio que se había parado de la cama y me hacía un gesto afirmativo dándome su aprobación para que cumpliera con lo que su amigo me pedía. Abrí las piernas a cada lado de su cara y tomándolo del cabello le dirigí la boca a mi chochito hinchado de calentura, y fui apretándolo mientras mis caderas empezaban a subir y bajar con un ritmo que comunicaba mi calentura total.

Un gemido de mi madre me recordó que estaba también allí y me di vuelta encontrándome con otra sorpresa. Seguía con la gran polla de Héctor en la boca ayudada ahora con solo una mano mientras la otra se la había pasado por debajo del culo de Héctor para empujarla bien adentro de su garganta. Pero por detrás del trasero de mi madre, su propio hermano de sangre Sergio, le abría las nalgas con las manos mientras se la follaba por el mismo coño a un ritmo continuado. A cada embestida ella gemía y se tragaba más profundamente la verga de nuestro amigo… a cuatro patas taponada por dos machos, por dos pollas una cada lado de su cuerpo, del modo más puto que se pueden imaginar. Los gemidos y el olor a sexo invadieron el dormitorio. Yo me aferraba con fuerza apretando el clítoris contra la nariz de Héctor cuando me vino el primer orgasmo rogándole que no parara.

Mi madre en ese momento le empezó a gritar a mi tío… – ¡Métemela por el culo!



Era una escena dantesca, delirante y extremadamente excitante. Nunca había estado en algo así pero me encantaba ver a mi madre en pleno acto sexual descontrolado… había visto a mi madre ser folladas muchas veces por su esposo, mi padre, pero esta situación era totalmente diferente en conceptos y actitudes. Las veces que la había visto follar con mi padre había sido algo muy formal y tranquilo, un mero acto de fornicación para procrear o darse el gusto de quitarse el picor de coño. Esta vez era totalmente diferente. Parecía una mujer sin límites en su lenguaje ni en sus movidas, tenía necesidad y ansiedad de verga.

Para ese momento mi madre ya había abandonado la tranca de Héctor y él tomándome de la cintura me dirigió hacia el redondo glande de su verga que apuntaba hacia el techo. Me depositó soltándome y la dura, caliente y brillante cabeza la sentí abrir los mojados labios de mi vulva provocando que todo mi ser se concentrara en ese punto. Mi coño se adueñaba de mi mente y se convertía en el centro de todos mis movimientos, de mi esencia, de mis deseos más íntimos. Era el centro de mando absoluto.

Con las manos en su pecho tomaba el control de penetrármela a mi gusto con mi tiempo. Bajé un poco la cintura y la cabeza de ese mazo se coló en un golpe seco y me detuve otra vez. Moví imperceptiblemente la cintura, luego saqué la bayoneta rígida un poco y volví a incrustármela, pero solo hasta allí… hasta que la cabeza quedaba envuelta y la piel de su tronco cambiaba de claro a oscuro. Repetí esto varias veces y cada vez mis conexiones nerviosas emitían descargas que me recorrían el cuerpo como si estuviera de orgasmo en orgasmo en cada movimiento. ¡¡Héctor me quería agarrar de la cintura para meterla toda de un empellón!! Pero yo no se lo permitía… no era la nena inocente de la villa, ahora controlaba mis folladas, sobre mi cuerpecito mandaba yo y mis orgasmos.

Otra vez movía mi cintura en círculo y dejé entrar un poco más de esa dura carne que me abría más los labios de la vulva. Todos los machos que me tiraba eran enormes al lado de una niña delgada a medio desarrollar, yo era como un cervatillo frente a un macho cabrío semental que ocupaba más del doble de mi volumen…, me gustaba sentirme arropada por ese volumen de masculinidad, metiéndome toda la hombría que les caracteriza en mi  estrecha y novedosa hendidura vaginal.

La verga de Héctor estaba tan dura que si se zafaba de mi grieta, se pegaría violentamente a su propia barriga, y esa dureza me rozaba toda la parte superior del interior de mi vagina tocándome un punto muy especial que me provocaba más calentura. Ahora volvía a sacarla y empujaba con mi cintura otra vez y otro pedazo de dureza me llegaba más adentro. Poco a poco le fui dando el permiso de entrar dentro de mí hasta que el clítoris tocó su pelvis y mi culo rozaba sus testículos. Cuando llegué a ese punto me quedé pegada con fuerza y movía los músculos internos para masturbarlo con las paredes vaginales mientras la cintura apenas se revolvía de lado a lado. Fue la primera vez que Héctor me dijo algo…

– ¡…Joder Lulú! ¡Qué forma de follar más buena tienes! ¡Nunca ninguna mujer me hizo sentir lo que me estás haciendo ahora…!

Entonces escuché a mi tío diciéndole a mi madre…

– ¡Mira como se follan a tu hija! ¡La tiene tan metida que cuando le suelte la leche la va a dejar preñada! Héctor, ponla de frente para que podamos verla… Que su madre vea la ancha verga que se está metiendo en su coñito su hija. ¡Joder esa verga le abulta el vientre a Lulú!

– Pues si me la preñáis, entonces sí se le va a abultar la panza. Ella sabía de mi regla.

Y girándome quedé dándole la espalda a Héctor. Mi madre estaba doblada a los pies de la cama con la cara hacia donde yo estaba. Por detrás Sergio la tenía empotrada follándosela como a una perra a cuatro patas…siempre sospeché que los hermanos jodían como conejos, solo era cuestión de observar el lenguaje corporal entre ellos, que mi tío desplegase todo su interés en que viviésemos cerca de su casa… y no era solo para tenerme a mí a cambio de todo, sino para continuar fornicando con su hermana también ¿Desde cuándo follaban juntos? No lo sé, pero lo averiguaría por simple curiosidad.

De manera ágil, quedé expuesta a mis parientes, con mi raja vaginal abierta por esa hermosa verga enorme que me estaba volviendo loca frente a los ojos de ellos dos a lo que mi madre…

– Mi chiquita… ya no eres tan niña ni tan inocente… me encanta verte follar pero ¡Te la tiene toda tan adentro! ¡¿Como es capaz tu cuerpecito de tragártela entera hasta los huevos?! ¿Te gusta su polla cariño? Dime ¿Te gusta cómo nos follan estos cabrones sementales…?

– ¡Siiih…mami! – dije casi en un suspiro. – ¡Me encantan la pollas duras y grandes! ¡Me pone cachonda ver como tu hermano te está follando como a una perra a cuatro patas! ¡Ummm!

Héctor, con las manos en mi cintura me empezó a empujar duro aumentando la velocidad de sus estocadas, haciendo subir y bajar sus huevos que rebotaban en mi coñito…

– ¡Qué ganas tenía de follarme a estas dos putas! Sergio, deja a la madre con ganas que después me la quiero follar  a ella también. ¡Con la nena voy a terminar enseguida!

– No te preocupes, a mi hermana no es tan fácil llenarle el coño… lo tiene muy tragón.

Y sentí una estocada más fuerte y por unos segundos se quedó pegado a mí con fuerza aguantando la respiración mientras la polla palpitaba haciéndome sentir el calor de esa leche que escupía dentro de mis entrañas.

Mi madre le decía a mi tío… – ¡Así hermanito, fóllame duro… así como solo tú me lo sabes hacer! ¡Bien dentro de mi coño hasta las mismas pelotas…! ¡Vamos nene vuelve a preñarme!

En aquellos momentos no analizaba todo lo que sucedía a mí alrededor, las palabras de mi madre tampoco, pero se quedaron ahí grabadas a fuego sintiendo el pulsar de la polla de Héctor que eyaculaba como una bestia parda, tanto que rezumaba semen por nuestro acoplamiento genital, su lefa y mi flujo resbalaba por su tallo calando sus duras pelotas en el proceso de vaciado… un par de huevazos que amasaba incitándolos a darme todo su néctar.

– ¡Te encanta que te la metan por el coño! ¡…Te gusta disfrutar de mi verga desde jóvenes!

– ¡¡Siiihhh!! ¡Llénamelo ya cabronazo! ¡A que esperas para hacerme otra buena panza…!

– ¡Toma! ¡Toma! – repetía mi tío a cada vez que lanzaba un chorro de leche dentro de ella…

Uno, dos, cuatro y hasta seis lechazos viendo sus impulsos clavándosela dentro de mamá. Veía en su rostro el placer del morbo de follarse a su propia hermana frente a la hija de esta que a su vez era su amante…, esa niña fornicada con su mejor amigo, el cual a su vez me estaba llenado de esperma espeso a base de bien. Y se quedó acostado encima de mi madre. Por mi parte volví a girar quedando de lado a Héctor porque tenía ganas de volver a besarlo. Y Sergio volvió a dar órdenes a mi madre…

– Cómete la leche de Héctor que le ha dejado dentro del coñito a Lulú.

Y sentí las manos de ella abriéndome y con su boca me empezó a chupar intentando beber todo lo que pudiera sacar. Como una autómata la agarré del cabello y la apreté contra mí restregándola mientras no dejaba de besar a Héctor. Su lengua escudriñaba lo más adentro que podía, yo gestionaba los músculos vaginales impulsando hacia afuera el vertido seminal, en tanto ella apretaba los labios de la vulva, para que saliera más y poco a poco se la fue bebiendo y tragando directamente de mi fuente. Juntaba sus labios bucales a los míos vaginales, chupaba y me los besaba…. Siguió por unos minutos más hasta que me arrancó otro orgasmo y por fin comenzaba a calmarme. Mi madre me había mamado el conejo igual que lo había hecho Rosa en la villa. Me sentía en las nubes con todos estos adultos agasajándome. El sexo comenzaba a convertirse en un vicio para mí. Al rato todo estaba en silencio. Descansamos no por mucho tiempo… Héctor hizo presa a mi madre y Sergio a mí, follándonos a saco sin compasión alguna, hasta que no volvieron a llenar como PUTAS.

La frecuencia de nuestras folladas emparejadas con los machos disponibles… papá, mi tío Sergio y eventualmente Héctor, se hicieron frecuentes, del mismo modo que la práctica de tríos, y cuartetos familiares. Ambas hembras rebosando sexualidad, y nuestros sementales virilidad, hombría y testosterona. En el instituto se aprendía mucho, pero las tareas extraescolares de las tardes de lujuria eran mucho más ilustrativas y placenteras. Éramos felices como nunca habíamos sido anteriormente, nos deleitábamos en lujos impensables en la vida de la villa y nuestro futuro se planeaba de un color más luminoso que en la Alcarria. Todo esto no llevaba a un estado de relajación y disfrute total de los placeres de la vida sin restricciones. Paseábamos desnudos desde los peques a los mayores, nos sobábamos en tal estado y nada parecía que fuese antinatural. Era un gusto ver la inocencia de la pequeña Gloria riendo con las caricias de Sergio o papá, tentando su vaginita con los dedos o boca ¡Disfrutaba con risas contagiosas! Mamá y Yo también hacíamos feliz a Arnaldo comiéndole los huevones que tenía en proporción a su cuerpecito.

Por otro lado estaba la diversión de los mayores…. Los coños, anos y bocas de mamá y mía eran el refugio de la ingente cantidad de esperma de los hombres, nos encantaba ser inseminadas y bañadas de semen…, con ello creíamos desempeñar la misión de toda hembra aliviando la congestión de nuestros sementales, estábamos convencidas y así cumplíamos gustosas, sumisas y ofrecidas en tiempo y forma a los deseos varoniles. Pero dentro de esas tareas encomendadas a las hembras, está la de ser preñadas y por ello engendrar a sus vástagos. Ciertamente seguíamos el método Ogino, pero mamá se lo saltó para volver a quedarse preñada. Tras parir a tres hijos, el último hacía 5 años, veía el momento de traer otro hijo más al mundo, nos hallábamos en un momento bueno para aumentar la familia, por eso sin ni siguiera proponerlo a la familia. Como siempre, simplemente se dejó follar e inseminar por cualquiera de los tres sementales. Con más de seis folladas semanales iba a ser complicado no acertar en alguna ocasión, como así fue. Mamá se dejó preñar, en tanto yo continuaba con mi control menstrual dentro del calendario Ogino que ella me controlaba.




Debió de ser eso que dicen de la simpatía femenina en la ovulación, que se trasladaba también a la fecundación, porque si mi madre fue preñada por uno de los sementales, a mí también me debió preñar alguno de ellos. Mi madre comenzaba la decimo sexta semana de preñez y yo decimo quinta. A mis 19 años sería la nena más jovencita en ser madre del instituto francés donde estudio, y antes de que cumpla los 35 tendré a mi hijo en edad de merecer, pero eso será otra historia si en mi panza hay gestando un varón. No sabemos de quien estamos preñadas, pero los querremos y educaremos del modo tradicional familiar, sin tabúes ni pudores.

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